06 diciembre 2017

ADULTOS MAYORES CON VIH MUESTRAN MAYOR ADHERENCIA AL TRATAMIENTO ANTIRETROVIRAL QUE A OTRAS DOLENCIAS



Las personas que se hacen mayores con el VIH presentan niveles de adherencia significativamente más elevados a la terapia antirretroviral que a las medicaciones que toman para sus comorbilidades. Estas personas refieren que tomar el tratamiento antirretroviral es más necesario que las medicaciones para otros tipos de enfermedades, así como también presentan menores niveles de preocupación sobre la terapia antirretroviral en comparación con los tratamientos para otras patologías. Estos fueron los resultados de un estudio suizo publicados en la revista HIV Medicine.
Desde la llegada de la terapia antirretroviral de gran actividad (TARGA) la esperanza de vida entre las personas con el VIH ha aumentado de manera espectacular, siendo cada vez más parecida a la de las personas sin el virus (véase La Noticia del Día 24/02/2016 ). El hecho de que haya aumentado la esperanza de vida comporta que en estas personas comience a observarse la aparición de dolencias y enfermedades asociadas al envejecimiento y que, por lo tanto, necesiten tratamiento para problemas crónicos de salud tales como enfermedades cardiovasculares, osteoporosis y depresión. Por otro lado, diferentes estudios han revelado que las personas con el VIH padecen un envejecimiento acelerado (véase La Noticia del Día 22-07-2016 ), lo cual aumentaría aún más la probabilidad de dichas comorbilidades.
Con el fin de examinar las creencias sobre los diferentes medicamentos que las personas con el VIH y comorbilidades toman y la influencia de éstas en sus estrategias de administración de medicamentos y la adherencia a los regímenes prescritos, los investigadores del Estudio de la Cohorte Suiza del VIH llevaron a cabo un análisis observacional prospectivo de corte transversal.
En el estudio participaron 105 personas que se encontraban recibiendo tratamiento antirretroviral y, al menos, un medicamento para otro problema crónico de salud. Del total, tres cuartas partes era hombres y la mediana de la edad era de 56 años. La mitad de los participantes estaban trabajando y el 26% tenía estudios superiores. Casi la totalidad (97%) tenía carga viral indetectable y la mediana del recuento de CD4 era de 707 células/mm3. Las principales comorbilidades por las que los participantes recibían tratamiento eran enfermedades cardiovasculares (79%) y depresión (44%).
Después de una visita clínica de seguimiento, se pidió a los participantes que rellenaran dos cuestionarios estandarizados que evaluaban sus creencias sobre la necesidad de los tratamientos que tomaban y las preocupaciones que dichas terapias les generaban, que se puntuaron en una escala del 1(baja preocupación) al 5 (alta preocupación).
El primer cuestionario exploraba las creencias sobre el tratamiento antirretroviral y el segundo trataba sobre las creencias con relación al tratamiento recibido para otros problemas crónicos de salud. Ambos cuestionarios se respondieron entre los años 2015 y 2016.
Los investigadores también midieron la adherencia tanto al tratamiento antirretroviral como al resto de medicaciones crónicas que la persona recibía. En el estudio, tener buena adherencia se definió como la toma de todas las dosis durante las 4 semanas previas a la participación en el estudio.
Tras el análisis de datos, un porcentaje significativamente más elevado de participantes manifestó tener buena adherencia a la terapia antirretroviral que el que afirmó tenerla a los tratamientos para otras patologías (87% frente a 75%; respectivamente; p=0,0001).
En los resultados también se observó que las personas puntuaron de forma más alta la necesidad de seguir la terapia antirretroviral que la de seguir el tratamiento para otros problemas crónicos de salud (puntuaciones medias 4,46 frente 2,86; p <0,0001). Los participantes sin estudios superiores calificaron con puntuaciones más altas la necesidad de seguir el tratamiento de comorbilidades que aquellas que sí tenían estudios superiores.
Una de las posibles explicaciones, según los investigadores, podría ser que los pacientes con estudios superiores posiblemente cuestionen más las decisiones de sus médicos respecto a las opciones de tratamiento de las comorbilidades, sintiéndose capaces de tomar decisiones informadas sobre su terapia.
En general, los participantes refirieron estar más preocupados por otras medicaciones crónicas que por el tratamiento antirretroviral (puntuaciones medias 4,09 frente 2,9; p < 0,001). Las personas que tomaban dos o más tratamientos para otras patologías crónicas calificaron con puntuaciones más elevadas la necesidad del tratamiento (p= 0,041) además de manifestar mayores preocupaciones al respecto (p=0,036).
Asimismo, tener un mayor recuento de células CD4 se asoció a una mayor valoración de la necesidad de tratamiento (p=0,016).
Los resultados del presente estudio ponen de manifiesto la importancia de explorar las creencias de los pacientes para mejorar la adherencia a los tratamientos de las comorbilidades en personas con el VIH. Los investigadores sugieren que, dado que se trata del primer estudio que explora este campo, es necesario seguir explorando la asociación entre adherencia y las percepciones de los pacientes en este contexto.
Fuente: josebravos.bravo@gmail.com


04 diciembre 2017

NUEVAS DIRECTRICES DE VACUNACIÓN FRENTE AL VHP DE PERSONAS CON VIH.



La Sociedad Clínica Europea del Sida (EACS, en sus siglas en inglés) ha recomendado que todas las personas con el VIH de menos de 26 años se vacunen frente al virus del papiloma humano (VPH). En el caso de los hombres gais, bisexuales y otros hombres que practican sexo con hombres (HSH) con el VIH, esta recomendación se hace extensible hasta los 40 años. Estas directrices fueron presentadas durante la XVI Conferencia Europea del Sida (EACS 2017), celebrada a finales de octubre en la ciudad de Milán (Italia).
El VPH es un virus de transmisión sexual responsable, por ejemplo, de la aparición de verrugas genitales. Determinadas cepas de este virus están implicadas en la aparición de cáncer cervical (referido a la cérvix o cuello del útero), de ano u orofaríngeo. El cáncer anal, cuya frecuencia es baja entre la población general, está volviéndose más frecuente entre las personas con el VIH (sobre todo entre los HSH con el VIH).
Un estudio austriaco de cohorte del VIH, presentado en la misma conferencia, reveló que en el año 2015 el 0,8% de los HSH menores de 50 años habían sido diagnosticados de cáncer anal, porcentaje que ascendió al 2,6% en el caso de HSH mayores de 50 años.
En la redacción de las directrices sobre vacunación frente al VPH, la EACS tuvo en cuenta diversas cuestiones que afectan de forma específica a las personas con el VIH, como por ejemplo si la vacunación brindaba protección a personas mayores infectadas por el virus de la inmunodeficiencia humana (que tienen muchas posibilidades de haberse expuesto ya al VPH), si la vacunación proporcionaba protección a las personas ya expuestas al VPH o qué programa de vacunaciones debería seguirse y qué vacuna era preferible.
La vacunación frente al VPH antes de iniciarse en el sexo constituye una estrategia efectiva para prevenir el cáncer anal y cervical. Sin embargo, se considera que la efectividad preventiva decae con rapidez una vez ya se ha empezado la vida sexual. No obstante, algunos estudios han sugerido que la vacunación de los HSH frente al VPH podría ofrecer cierto papel preventivo. La vacuna nonavalente frente al VPH (activa frente a 9 cepas de este virus especialmente implicadas en el desarrollo de cáncer) podría llegar a proteger a tres cuartas partes de los hombres con el VIH e infección anal por el VPH. Este efecto protector también se podría producir en alrededor de un tercio de los hombres con infección por el papilomavirus en la cavidad oral (véase La Noticia del Día 03-11-2017).
Un equipo de investigadores belga presentó en la conferencia una revisión de los datos que respaldarían la estrategia de vacunación frente al VPH de las personas que viven con el VIH.
El cribado de los cánceres relacionados con el VPH no se realiza de forma exhaustiva y, en el caso del cáncer anal, la opción de la técnica de cribado sigue siendo materia de debate. En el caso de los cánceres orofaríngeos provocados por el VPH, todavía no están claras las directrices sobre dicho cribado.
El estudio ACTG 5298 ha examinado el efecto protector de la vacunación frente al VPH en adultos con el VIH. Este estudio concluyó que, en una población predominantemente masculina con una mediana de 47 años de edad, la vacunación no redujo la infección persistente por el papilomavirus.
Este hallazgo llevó a la EACS a recomendar que se ofrezca la vacunación a personas con el VIH que tuvieran 26 años de edad o menos. La Sociedad Clínica Europea del Sida, asimismo, ha seguido a la Asociación Británica del VIH en la recomendación de que todos los HSH con el VIH hasta los 40 años deberían vacunarse frente al virus del papiloma humano. Las directrices previas -de 2015- recomendaban que los médicos se ajustasen a las directrices nacionales respecto a la vacunación frente al VPH.
Aunque la EACS afirma que la eficacia de la vacuna es cuestionable en el caso de personas que ya se han visto expuestas al VPH, en la conferencia también se indicó que seguía siendo plausible que la vacunación pudiera mejorar la protección frente a la enfermedad asociada al VPH.
El estudio ACTG A5240 evidenció que, en el caso de las mujeres que ya se habían expuesto a algunos de los subtipos del papilomavirus incluidos en la vacuna cuatrivalente, la vacunación trajo consigo un aumento sustancial de los niveles de anticuerpos frente al VPH.
Por otra parte, existen pruebas de otros estudios con personas sin el VIH (mujeres y HSH) en que la vacunación tras el tratamiento de lesiones cervicales o anales asociadas al VPH se relacionó con reducciones en la tasa de recurrencia de las lesiones. Es posible que dos estudios que ya están en marcha ofrezcan más información relativa al papel de la vacunación de personas con el VIH en la prevención de la recurrencia de las lesiones relacionadas con el VPH.
La vacunación genera unas respuestas de anticuerpos más potentes en mujeres que viven con el VIH y que ya tenían una carga viral indetectable de este virus en el momento de la primera vacunación, probablemente debido a que el control de la viremia permite que se produzca una restauración inmunitaria.
La EACS recomienda el uso de la vacuna nonavalente frente al VPH, en caso de que esté disponible. Respecto al número de inoculaciones necesario, se indicó que, aunque no existen pruebas que avalen ningún régimen que emplee menos de tres dosis en personas con el VIH, es cierto que varios estudios con mujeres jóvenes han revelado que una única inoculación resulta igual de inmunogénica que una tanda de varias.
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29 noviembre 2017

QUE OPINAS DE LA CAMPAÑA MUNDIAL MI DERECHO, MI SALUD



La campaña MI DERECHO, MI SALUD ofrecerá un espacio para que las personas expresen sus puntos de vista sobre el derecho a la salud y sobre lo que hay que hacer para garantizar que todas las personas puedan ejercerlo.
Comenta y dejanos tu comentario qué significa para tí en tus contextos MI DERECHO, MI SALUD. 
 Foto: Onusida